Seguimos en la brecha

Logo VOCAREComo fruto de dos encuentros en agosto y septiembre, seguimos trabajando para dar a luz a un nuevo proyecto discográfico. Ya queda menos para que lo podáis oir, trabajar y orar con él.

También, seguimos trabajando para que el blog sirva para darnos mejor a conocer, y también para que nosotros tengamos un espacio donde crear cómodamente.

Esperamos ofrecerte nuevas noticias muy pronto.

Saludos.

Globos y tizas

Una enorme caja de madera esperaba en la estación de ferrocarril, hasta que fue transportadaal vagón correspondiente. Dentro de ella había un montón de objetos: globos, tizas, medicamentos, fregonas y escobas, bebidas alcohólicas, tabaco, instrumentos musicales, un saxofón, dos trompetas, una guitarra y, en una pequeña caja alargada, una batuta propiedad del director de la banda musical.

¿Qué destino podía tener esa misteriosa caja con tantos utensilios? No era otro que el de un pequeño pueblo perdido en las montañas y que, sobre todo en invierno, quedaba frecuentemente aislado durante varias semanas. En esas ocasiones la Alcaldesa solicitaba los elementos necesarios para la vida del pueblo en los siguientes meses.

Además se acercaban las fiestas en honor de la Virgen María y todo tenía que estar dispuesto con antelación. Así que -como os cuento- desde la capital de la región enviaron todo lo necesario en aquella caja que transportaba el tren.

Nuestros amigos, los objetos, llegaron a escuchar en la estación de ferrocarril que iban a un pueblo de la montaña. Seguían intranquilos, deseosos de conocer cómo sería el lugar y las personas del pueblecito aquel. Fregona estaba un poco mareada porque los cigarrillos estaban de fiesta y habían invitado a una botella de coñac. Las cometas saltaban de alegría porque desde un hueco de la caja de madera se veía la ventanilla y alcanzaba a divisarse el paisaje verde y frondoso. Corría el viento, arremolinando las copas de los árboles: ¡Cuántas piruetas fantásticas -pensaban- podrían realizar por las nubes! Los medicamentos eran muy serios. Decían que no podían agitarse ni moverse y que, de seguir subiendo la temperatura, avisarían al revisor para cambiarse a un lugar más fresco.

En el centro del cajón se apreciaban unas bolsas grandes que contenían unos seres extraordinariamente bellos por sus mil colores. Eran los globos. Encima de las bolsas se podía leer: “Para las fiestas del pueblo”. ¡Qué contento estaba el señor globo rojo! Pensaba que la gente del pueblo ya les estarían esperando, sobre todo los niños.

Las banderitas de colores que representaban a muchos países del mundo, por su parte, también esperaban el momento de lucir sus dibujos por todos los rincones de las calles y de la plaza principal.

Más adentro, en el fondo de la caja, estaban los utensilios pedidos por los maestros y maestras del pueblo para la escuela. Estaban algunos mapas, un esqueleto de madera (muy divertido, porque chiscaba con sus dientes mondos y guiñaba el hueco del ojo a las balletas que, por momentos, se sonrojaban y reían sin parar), unos libros de lengua, de física y química, de filosofía, de dibujo, de religión y de matemáticas. Correteaban por

aquellas profundidades unos lapiceros, perseguidos por las gomas de borrar, y un sacapuntas enfadadizo miraba, sentado sobre un diccionario de latín y con cara de “…ya te pillaré”, a un lapicero apenas sin punta para escribir. Unas tizas, muy blancas y muy limpias, permanecían ordenaditas, silenciosas y sonrientes, detrás de unas planchas de corcho que servirían de carteleras en los pasillos del colegio.

Todos los objetos, en fin, se movían al ritmo del traqueteo del tren y se preparaban para interpretar la última melodía ensayada, una especie de vals. Los globos no podían remediarlo: eran un poco chulos. Con mucho disimulo, andaban diciendo a todos que el tren en que viajaban tenía como misión central la de transportarles a ellos para dar luz y colorido en las fiestas del pueblo; que no fueran a creer los demás que eran ni la mitad de importantes que ellos. Esos comentarios no cayeron bien entre los más agudos del grupo.

Así, los libros (que sabían un rato…) respondieron que hablaran tras conocer un poco mejor la realidad: el mundo era algo más que globos. Todos se mostraron de acuerdo con el libro de filosofía y aplaudieron a rabiar. La señora globo azul estaba que estallaba.

Menos mal que la batuta (con tanta experiencia en esos asuntos del desafine) puso un poco de orden. Dijo un montón de cosas interesantes -que ahora no sabría repetiros- y sólo se oyó un pequeño rumor en el fondo del cajón: eran las tizas; decían que es bonito hacer las cosas sin pedir nada a cambio.

El viaje, como podéis comprobar, pasó rápido y divertido. No faltaron mareos. La fregona y el cubo tuvieron que actuar, ¡y eso que el trabajo -les habían dicho- no comenzaría hasta llegar a su destino! Llegados a la estación del pueblo, primero bajaron tres señoras muy gordas, un matrimonio muy joven con cuatro niños pequeños y dos chicas, inmigrantes de Marruecos, que trabajaban en un banco del pueblo.

Allí estaban esperando el niño Teodoro y Juan, el secretario del Ayuntamiento, quien comprobaría si estaba en orden el pedido realizado por la alcaldesa. ¡Y bien que lo revisó todo! Sólo faltaban algunas cajas de aspirinas del botiquín. Creo que los cigarillos y la botella de coñac tenían algo que ver con el asunto… Terminó colocando todo en el furgón y se dedicó a repartirlo aquella misma mañana de mayo. Hacía un sol espléndido y en los charcos de la pasada lluvia de la noche se perdía el reflejo ondulante del vehículo del ayuntamiento.

Todos los objetos de utilidad para el pueblo a las pocas horas ya se encontraban en su destino para hacer más agradable la vida de sus habitantes. ¡Teníais que haber visto a todos hacer aquello que les correspondía, del mejor modo que sabían!

Y, por fin, llegaron las fiestas del pueblo. El ambiente relucía con aplausos, sonrisas, abrazos y comidas en familia. Las banderitas de naciones ya anunciaban desde hace días los acontecimientos de la localidad. Después de la misa del domingo, en honor de María, la alcaldesa dijo unas palabras pidiendo a todos que escucharan con atención. Subrayó que no todos los habitantes de la tierra tenían la suerte que ellos; que muchos hogares, incluso no muy lejos, estaban en guerra; que morían o malvivían; y que en el pueblo se disfrutaba paz en abundancia. Por eso deseaba que todos pidieran al Señor de la vida y de la paz que les enseñara a respetarse y a vivir en fraternidad. Hubo unos minutos de silencio y… ¿a que no imagináis quiénes aparecieron entonces? ¡Los globos! Estaban espléndidos. Inflados con gas hasta el límite, no podían ni hablar, pero sabían que todos les miraban y, particularmente los niños ni parpadeaban. Muchos era la primera vez que veían globos de tantos colores y a punto de elevarse sobre las montañas hasta pasear por el cielo azul. Lo que sí hicieron los globos fue pedir aplausos y más aplausos ante la belleza de su actuación.

Surcaron el cielo y terminaron por alejarse como en otoño se mueve una hoja en el estanque: despacio, despacio. Teodoro y los otros niños después regresaron a sus casas. Algunos, por la tarde, seguían con la mirada puesta en las nubes, por si cruzaba algún globo despistado. Fue sonado: muchos, hasta de mayores recordarían aquella suelta de globos.

En cambio en la escuela, casi sin enterarse de nada, permanecían las tizas. Ellas nunca pidieron aplausos, ni miradas, ni suspiros, ni esperaron el regreso de algún colegial que abrazara sus cuerpos blancos y ligeros. Ellas se regalaban todos los días. Gracias a su vida muchos aprendieron geografía, los ríos, la situación de las montañas y las cordilleras, cómo realizar las sumas, restas o divisiones y mil cosas más. Ellas sabían darse, regalarse, sin más. Cada día morían varias de ellas en el servicio, sin pedir nada. Sin pedir nada.

Teodoro recordará los globos, pero no a las tizas que le habían enseñado a hacer cuentas, palabras, frases, dibujos… Ahora me viene a la mente las palabras de la batuta cuando trataba de poner orden en la discusión del tren: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”.

Esteban Díaz Merchán

Oración contemplativa

El pasado fin de semana 3 y 4 de Octubre vivimos una experiencia preciosa en Ávila. Por primera vez y junto a otras diez personas utilizamos la danza como vía para acercarnos a nuestro Padre Dios.

Nunca pensamos que se podía orar de esta forma y, desde ese momento decidimos que la incorporaríamos a nuestra vida de oración en pareja.

Gracias, Victoria, por enseñarnos tantas danzas y por compartir con nosotros este don que Dios te ha dado.

Os invitamos a vivir esta experiencia (tenéis nuevas convocatorias en el tablón de anuncios y la página web de Victoria en los enlaces).

Nosotros por nuestra parte, compartiremos con todos vosotros lo que hemos aprendido. Tenemos la ilusión de poder orar de esta forma en próximos encuentros de Vocare.

Os queremos.

César y Puri.

Oración con las manos

Manos Dios y Adán Capilla Sixtina

Miro mis manos. Soy consciente de que las tengo. Más bonitas o mas feas, más rechonchas o más delgadas, pero son mis manos. Las muevo, las miro y las vuelvo a mirar. Las hago girar en círculos desde las muñecas, observando la gran amplitud de giro que tienen. Estiro los dedos y los vuelvo a cerrar. Primero todos a la vez y luego uno a uno, de arriba abajo, consecutivamente, como si de una ola de mar se tratasen. Cierro el puño fuerte, notando la presión de mis uñas sobre las palmas. Luego estiro y abro toda la mano como si quisiera abarcar todo el espacio que hay a mi alrededor. Vuelvo a aflojar y a articular todas las falanges. Toco las yemas de los dedos con el pulgar, del índice al meñique y vuelta al índice. Igual que si estuviera sazonando a un guiso. Al hacer esto noto la textura suave de los dedos.

A continuación hago que mano derecha e izquierda se encuentren y se reconozcan. Que cada mano toque a la otra como si nunca se hubieran conocido. Palpo cada dedo y cada uña con cada mano. Siento el calor de ambas palmas, los pliegues de la piel, el vello de los dorsos y la sensación de cosquilleo que se provocan la una a la otra. Soy ya conciente de que tengo manos capaces de tocar y de sentir. Ahora intento hacer una lista de las cosas que soy capaz de hacer con mis manos a diario y que, sin embargo, hago de forma inconsciente. Puedo lavarme, vestirme y peinarme; llevarme la comida a la boca y prepararla. Ordenar y desordenar cosas. Coger y soltar. Señalar y escribir. Acariciar y rascar. Buscar con ellas en un bolsillo como si tuvieran vida propia. Como si tuvieran ojos. Puedo aplaudir y hacer pitos. Tocar un instrumento o hacer música simplemente con ellas sobre una mesa.

A diferencia de los animales, mis manos encierran mucha humanidad. Quizás lo que nos distinga de los animales no sea tanto la inteligencia como la habilidad y sensibilidad de de nuestras manos. Y de nuestras manos se sirve la inteligencia para obtener resultados. ¿Soy ya consciente de la habilidad y sensibilidad de mis manos?

Nuestras manos son las que nos hacen hombres humanos y mujeres humanas. ¡Cuánta humanidad! ¡Gracias Señor por mis manos! ¡Gracias Señor por regalarme tanta humanidad en tan solo un par de manos!

También pienso: Ser humano debe ser algo más que tener un par de manos maravillosas. Puede que sea algo más que poder tocar, rascar, peinar y agarrar. Quizás deba descubrir mi propia humanidad a través de mis manos para poder usarlas más humanamente. Pero, ¿cómo hacer mis manos más humanas? Y sigo pensando:

Con mis manos puedo crear o puedo destruir.

Puedo acariciar o puedo agredir.

Puedo empujar o puedo acoger.

Puedo dar o puedo pedir.

Puedo ayudar o puedo entorpecer.

Puedo aliviar un dolor con la suavidad y el calor de una caricia o causarlo con la fuerza de una bofetada o la violencia de un agarrón.

Puedo burlar o puedo respetar.

Puedo hacer reír o puedo hacer llorar.

La cuestión es: ¿merece la pena tener unas manos destructoras y dañinas? ¿Acaso no pierden humanidad en la agresión? Miro mis manos y sé que quiero que sean cálidas y acogedoras; pero ¿cuántas veces las he mal-utilizado por egoísmo, envidia, soberbia…? o, lo que es casi peor: ¿Cuántas veces no las he bien-utilizado solo por comodidad? Cuántas veces pudiendo alentar he abofeteado, pudiendo aliviar he machacado y pudiendo levantar al caído, he dejado que se quedaran quietas y adormecidas en el fondo de mis bolsillos.

Perdón Señor por mis manos violentas.

Perdón Señor por mis manos frías.

Perdón Señor por mis manos muro.

Perdón Señor por mis manos dormidas.

Sé que en mi día a día no hago uso y desaprovecho los dones que con ellas me has dado; y que al hacerlo reniego inconscientemente de la humanidad con la que me hiciste a tu imagen y semejanza.

Perdón Señor por las veces que dejo que mis manos me alejen de ti y renieguen de ti.

Ahora miro otras manos. Las de tu hijo, el Crucificado. Aquel que con sus manos bendecía y sanaba. Acogía y perdonaba. Aquel que con sus manos daba ejemplos de humanidad y devolvía la dignidad a los miserables de su tiempo. Aquel que con sus manos y un poco de barro devolvió la vista la ciego. Aquel al que con clavos desgarraros sus manos en un intento de arrancarle la humanidad y el poder que en ellas tenía; pues una mano atada o clavada a un madero ya no es libre y de nada sirve.

Ahora miro tus manos, Jesús que, incluso atravesadas se hicieron salvadoras. Y te pido: Enséñame a hacer de mis manos, manos salvadoras, como las tuyas. No dejes que los clavos de mi egoísmo y mi comodidad atraviesen mis manos dejándolas inmóviles e inertes. Dame fuerza para dirigir mis manos hacia el bien. Que mis manos, Señor, animen, levanten, alienten y sanen; como las tuyas. Quiero ser digno y merecedor de tu regalo. Y el día que, en tu presencia, ya no las necesite, te las pueda devolver gastadas de amar y aún llenas de amor.

Amén.

Se puede continuar la reflexión buscando las manos de la o las personas que se tiene alrededor. Tocar y acariciar sin prejuicios las manos de un familiar, amigo o completo desconocido que esté sentado junto a nosotros. Intentar sentir con nuestras manos los secretos que encierran las manos ajenas. Sentir su humanidad. Su vida. Y sentir en las manos del otro, las manos de un hermano. Unas manos distintas a las nuestras, pero a la vez tan iguales. Tocarlas con respeto, cariño, calidez, ternura, calor. Sintiéndonos en unión y comunión con la otra persona, sintiéndonos en su piel. Y se puede terminar rezando con las manos entrelazadas el Padre Nuestro.

Servir

Donde hay un árbol que plantar, plántalo tú.

Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú.

Donde haya un esfuerzo que todos esquiven, acéptalo tú.

Sé el que apartó del camino la piedra,

el odio de los corazones

y las dificultades del problema.

Hay la alegría de ser sano y justo,

pero hay, sobre todo, la inmensa alegría de servir.

Qué triste sería el mundo

si todo en él estuviera hecho.

Si no hubiera un rosal que plantar,

una empresa que emprender.

No caigas en el error

de que sólo se hacen méritos

con los grandes trabajos.

Hay pequeños servicios;

poner una mesa,

ordenar unos libros,

peinar una niña.

El servir no es una faena de seres inferiores.

Dios, que es el fruto y la luz, sirve.

Y te pregunta cada día:

¿Serviste hoy?

Servidor con corazón

Oración recogida el 20 de septiembre de 2009 en la Iglesia del Corazón de Jesús (Valladolid).

Encuentro y novedades

VOCARE, en su sección de Valladolid, se reune este lunes, 8 de septiembre, festividad de Nuestra Señora de San Lorenzo, patrona de Valladolid, en Aldeamayor de S. Martín. Os iremos contando qué nos ha regalado este momento de compartir, orar y reir en comunidad.

También contaros que en la sección dedicada a “Te necesito para mi pueblo” podéis bajar ya el libreto con cancionero, acordes y material de trabajo de ese disco.

Y que hemos abierto una nueva sección, ‘IMÁGENES’ en la que iremoscolgando alguna foto.

Un saludo en Cristo.

Un saludo

VOCARE renace en la red, como el ave fénix, y saluda a todos nuestros hermanos y hermanas que navegan por estos mares virtuales. Tras un fructífero encuentro, queremos expresar lo que somos, lo que vivimos y lo que creamos a través de esta humilde bitácora en la que ir escribiendo y compartiendo vida y sueños.

VIDA · MÚSICA · IMAGEN · ORACIÓN

En este sitio podréis encontrar lo que somos, lo que queremos compartir. Podréis compartir vivencias, escuchar nuestra música y enlazar con la de otros, ver, sentir y orar. Somos más que canciones, y no hay mejor medio para expresarlo que este.

Es también sitio de crecimiento, por eso queremos también que CONTACTÉIS para COMPARTIR, que nos escribáis a través de nuestro correo

::: vocaregrupo@gmail.com:::

IREMOS LEYÉNDONOS. IREMOS CRECIENDO JUNTOS. QUE DIOS OS BENDIGA.